Aprende a hacer un presupuesto familiar paso a paso

27.2.2020 (Tiempo de lectura: 10 min.)

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Acabar el mes con dinero en la cuenta bancaria no es sencillo. Muchas veces los ingresos son insuficientes para cubrir los gastos, pero, en otras ocasiones el problema viene derivado de no existir una planificación, de no tener un presupuesto familiar en el que controlemos todos nuestros ingresos con nuestros gastos.

Una mala planificación financiera puede generar importantes quebraderos de cabeza y sobrecostes, porque si difícilmente se pueden cubrir gastos menos aún tener ahorro suficiente para imprevistos o planificar alguna compra futura. Lo importante es que todos los casos un presupuesto nos ayudará a evitar muchos inconvenientes. Estructurarlo es lo que les llevará más tiempo, pero todo ello se traducirá en importantes ventajas. Os explicamos como realizar este presupuesto.

Controlar y analizar ingresos y gastos

  1. El primer punto estará en anotar y analizar todos los ingresos mensuales y trasladarlos a un planning anual.

    A la hora de ingresos debemos diferenciar:

    • Ingresos recurrentes por trabajo: Es nuestro salario mensual o la estimación de ganancias como autónomos. Al tener una periodicidad más o menos constante debe ser la parte principal para hacer frente a los gastos recurrentes y en la medida de lo posible en parte al ahorro.
    • Otros ingresos regulares: Debemos plasmar otro tipo de ingresos periódicos y que sean conocidos, como los provenientes de alquileres. Estos ingresos principalmente complementan los de trabajo en la mayoría de los casos y su destino no va tanto a cubrir gastos corrientes como otros extraordinarios y ahorro.
    • Ingresos extraordinarios: Aquellos que conocemos pero que no recibimos regularmente, como puede ser el cobro de dividendos. Si son de cuantía importante podemos repartirlos a lo largo del año para que ayuden a cubrir gastos que también no son recurrentes o quitar deudas.

  2. Definidos los ingresos toca afrontar una partida que más nos cuesta, los gastos. En este caso el mayor trabajo es que no solo debemos repartirlos en el tiempo, para comprobar que nuestros ingresos sean suficientes, sino que debemos poner categorías:

    • Gastos fijos obligatorios: Que no suelen variar o lo hacen sólo cada cierto tiempo (hipoteca, gasto de comunidad de propietarios, cuotas de colegios,…).
    • Gastos variables obligatorios: Como son los servicios básicos de luz, agua, teléfono, alimentación o ropa. Dentro de estas categorías de gastos existen otros, que sin ser mensuales deberá considerarlos como tal, por ejemplo, impuestos locales (IBI, circulación) o seguros.

      Si son anuales para evitar “sustos” en el momento del pago, lo más racional es dividirlo entre 12 para dejar una cantidad reservada mes a mes.

    • Gastos no obligatorios: Gastos discrecionales, tales como ocio y tiempo libre, los cuales desconoce, pero debe tanto planificar una cantidad como controlar lo que realmente gasta, ya que es la partida más susceptible a realizar ajustes si tenemos que realizar recortes.

El resultado es que podemos ver todos los meses si cumplimos o no el presupuesto, si tenemos dinero sobrante para destinarlo a ahorro o tenemos algún mes problemas y tenemos que buscar alternativas como un préstamo urgente, saber qué ajustes hay que realizar. Pero todo esto no deja de ser una planificación, a la que hay que ir haciendo ajustes ante cualquier cambio.

Buscar el equilibrio financiero

El ajuste más habitual es recortar gastos. No es sencillo, pero es necesario para en muchas ocasiones poder sanear finanzas personales.

Por ello, el orden que hemos establecido ayuda a priorizar y ver qué partidas puede “meter la tijera”. Logrado el mismo debería pensar en ese ahorro necesario para conseguir sus objetivos o poder salvar algún imprevisto.

La mejor forma es fijar una cantidad periódica al ahorro a la que puedes sumar ingresos extraordinarios y tratarla como un gasto más, es decir sumarlo al presupuesto y llevarlo a otra cuenta separada. Si se obliga a ahorrar, aunque sea poco a poco, podrás conseguir de una forma más sencilla un colchón básico.

No podemos olvidar que el presupuesto es algo “vivo” y varía a lo largo del tiempo, por lo que es necesario hacerle un seguimiento continuo y ajustarlo a la realidad, ya sea con cambios en ingresos como en los gastos. Si las cantidades presupuestadas para ciertos gastos no resultan realistas, habrá que ajustarlo.

Un presupuesto no real tiene muy poco valor. Por ello es normal revisar varias veces el para que se ajuste a la realidad con objetivos alcanzables, siempre en pos del equilibrio financiero.

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